
Homenaje a mi caballo caído
-escultura en arcilla para vaciar en bronce-
¡Caballo de fuego, caballo desbocado!
abres paso, cabalgas en mi llano
y dejas huellas a tu paso.
No hay declives, ni escalas que demoren
la búsquedade fronteras en mis campos
ni tambores que dejen oír plañidero encanto.
Subes a mi altura de soplo alto
y bajas cordilleras entre silvestres páramos.
¡Caballo salvaje! que todo despiertas a tu paso
los arrieros descubren que no hay cerco
que frene tu galope raudo.
¡Caballo de hierro! suspendido apogeo
de esplendor de ocasos
vas entre poemas ¡vigías de mis llantos!
mondando verdades de viento huracanado.
¡Caballo de arcilla! modelado por mis manos
testigo de los límites que mi deseo arisco
vierte entre el hierro que te sostiene calmo
y el amorque te enaltece arraigado.
Fuiste orgullo de retórico olvido
y sedisiosa razón ¡sin entusiasmo!
Te quedaste varado bajo la promesa
bronce o mármol
y tus ojos viajarán por mi río
apoyado en un solo pié descalzo.
Conociste silencioso...¡hasta mi deseo más profundo!
y el grito de dolor detenido,
hasta morir enclaustrado
que traspasó la tristeza piel a piel que fue ...¡una!
en mi antiguo cansancio.
Desde un soporte de mínima conciencia
apareciste hermoso...¡erguido!
en soberbio porte magnánimo.
Tus crines al viento daban fe
de la quilla sin naufragio.
Agradecí esa tarde, el don
que me hacía hacer dudar
la hélice de sucesivos llantos.
Eras brasa contenida,
grito de humilde subasta
sin precio contado
envidia de muchos, marcha de alevoso rastro.
Eras mi mar, mi creación, refugio de fecundo
y atractivo marasmo
apaciguabas mis temores
¡contenías mis llantos!
Dejé en tu faz mi tristeza
búcaro de azabache y canto
más de repente, sin aviso...
como la muerte deja su abrazo
poderosa razón,
imposible detener cual relámpago;
te empujó hacia mi y no pude contener ese abrazo!
¡Caes...caes!...hiriendo en tu caída mi mano
y mi río de lágrimas se fue desbordando...
Estruendo se levanta al trizar límites
y líneas de una gaviota que sus alas quebraron
y mi vuelo creativo,
interrumptus de letal desencanto
ensombreció mis días,
aletargó mi ánimo.
Te ví caído, en la esquina,
en el rincón mas solitario,
el rictus de tu hocico entreabierto
no fue más sonrisa que alentaba en silencio
la creación que necesito
¡cual rumor de los astros !.
Gime en mi corazón que te extraña
el dolor de verte caído
entre torcidos hierros
que sostuvieron unos meses
tu cabeza de natural tamaño.
¡Caballo sin freno! galopaste por lozas celestes
perdiendote en senderos
que nunca volverás a encontrar.
Hoy te recuerdo, ¡caballo amado!
angel que encendió mi candil
y mi torpeza escultorica
¡arrancó de mi lado!
Malu de Lujan
Viña del Mar Taller J.G. 2002
No comments:
Post a Comment