Friday, August 29, 2008

...Nada Arredra en la Creación

...En mi relato anterior contaba mi experiencia escultorica en un Taller.
Trabajé varios años en la escuela de Bellas Artes, haciendo el programa
de rigor, tres copias y una creación, pero como ha sido siempre,nadie quiere
ser superado por un alumno, excepto quienes son exitosos y generosos.
Me senti extrañamente lastimada y no tomado en cuenta mis deseos de
avanzar, pues nunca me dejaron incursionar en mármol, madera o hierro
por lo que finalmente abandone la Escuela y ese taller de escultura.
Desde el inicio busqué mi lugar, sin encontrarlo. Pasé por varios talleres,
pintura, ceramica, grabado y escultura, -donde permanecí mas tiempo-.
Adquiría conocimientos escasos, pero me interesaba la practica, eso
hace al maestro. Fue una decepción constante, los profesores, en general
son artistas que no desean que nadie les supere, pagados por la Municipa-
lidad y poco gratificados, cumplen un horario, pero no les interesa mucho
una enseñanza personalizada y les da celo alguien se destaque en el oficio.
En el Arte el desarrollo y crecimiento es y debe ser individual, personal...se debe
juntar conocimiento y talento para crear, dar libre curso al vuelo imaginario.
Bueno, pasó algo de tiempo y resolví pagar un espacio externo e irme
otro taller.
Comencé por secar la greda y amasarla, ya tenía resuelto que iba a hacer,
y la ponía en bloques de yeso al sol, pues estaba en tinajas llenas de agua
para que no se endurezca, era sacada de una cantera.
Cuando estuvo lista en una base de madera, con un fierro de dos pulgadas
y media al centro; le puse un alambre en espiral y comencé a rellenar con
la arcilla para dar volumen. Como crecería mucho dejé la base bastante mas
gruesa para sostenerla.
Fui muy feliz mientras modelaba y daba forma a mi caballo. Llené el espacio
de fotos de caballos, ese rincón era mi Betania.
Cuando estuvo casi listo, sufrí una enorme decepción. Me habría gustado
hacer un vaciado en bronce e inmortalizarlo, pero era prohibitivo su valor
asi que debería conformarme con hacer un vaciado en yeso, como Voltaire.
Es asi, basta que desee algo para que no se pueda realizar, y sin apoyo de
ninguna clase menos.
Trabaje varios meses, veía como se alzaba desafiante esa magnifica cabeza
con los crines al viento, delimitando el aire, su hocico entreabierto, como
profiriendo en silenciosos relinchos su presencia digna, por fin se hacia
escuchar, se imponía sin decaer en esa esquina olvidada, donde solo era
visible para quienes aparecian de vez en cuando a trabajar.
Una tarde...fatídica, aparecí muy alicaída y triste a trabajar, casi sin ánimos.
Percibiendolo el profesor guía me preguntó que acontecía. No quise entrar
en detalles -no pude dormir en toda la noche y había llorado casi 24 horas-
Fue demasiado para mi descubrir una traición...fue como si de golpe se
acabara el sol, las estrellas, y me sumiera en un abismo de soledad y vacío.
En fin...no voy a poetizar -o embellecer- una situación devastadora que me
tocó vivir.
Me dice: -"los sicologos recomiendan sacar esas emociones dando golpes,
tome este palo, y péguele a su caballo"-
Cada cierto tramo, para lograr que la arcilla decante y se adhiera, se golpea,
pero...sin ese veneno que corroe por dentro, solo se golpea lo necesario.
Tomé el palo y golpeé a mi caballo, golpeé y golpeé...pero en el fondo me
golpeaba a mi...Las lágrimas corrían por mi rostro, saladas, calientes,
amargas, nublaban mi visión, torpes invadían mi rostro, caían a raudales
ineficaces de aliviar mi dolor, ni rescindir mi tristeza, no lograban abolir
ese deseo de contenerme y salir volando, de explotar, de barrer esas
emociones que me embargaban.
El profesor que observaba esa escena, no decía nada, sentado a unos
metros mas lejos, impávido, inamovible, en su actitud de cómplice frente
a ese crimen frente a sus ojos. Estaba destruyendo mi creación y no decía
nada!
Me di cuenta de pronto que si había iniciado esa creación esta llevaba una
carga emocional importante, mis lastres, mis obsesiones, mis penas, pero
representaba mi libertad, la que se truncaba súbitamente.
Reaccioné frente a esa reflexión y me dije...-¡esto lo termino hoy!-
Retrocedí unos pasos, miré con detenimiento cada silueta, su forma,
su movimiento, tomé un gran devastador de metal y fui sacando todo el
material sobrante de la base y costados, modelando la forma, devastando hasta que conforme, aún con ese dolor lacerante oprimiendo mi pecho y di por terminada esa
escultura maravillosa que se levantaba varios metros del suelo desde la
mesa de apoyo.
Antes de envolverla en toallas húmedas para que la greda no se deshidrate
le pregunte al profesor como hacía para que los crines no se aplastasen.
Me pasa siete varillas de metal y me dice que las vaya poniendo incrustadas
en la cabeza en escorzo, para al envolver no se bajen.
Era sin saberlo una especie de diadema fatal. Como trabajaba arriba de
un piso de madera para alcanzar la figura que habia tomado mucha altura
y volumen, al tratar de envolverla, se descompensa, -ya que fue un peso
adicional esas varillas, algo que que no estaba contemplado y ya habia reducido la base que le daba estabilidad a esa cabeza y cuello en escorzo- y se me viene encima, ese enorme volúmen, logro poner mi mano izquierda para esquivar el golpe,
hiriendo mi mano izquierda al enterrarse una de las varillas y rebotó, cayó a la mesa de trabajo y con un gran estruendo al piso... Malu de Lujan -continuará-








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