Ante la destrucción y muerte, las palabras,mis amigas ágiles me abandonan abrumadas,
se retraen, se marchan por caminos desnudos,
irreconocibles, traslúcidos, sin orgullo.
Dejan solo murmullos que esculpen
la madera maciza de mi estupor,
dejando sinuosas huellas de esas otras palabras ajenas,
más fuertes, brutales que a golpes sobre mi escorial,
cual cincel de tres pulgadas y mazo siniestro
en tortuoso golpeteo precipitan el triste descenso de mi torre
y dejan mi desnudez cubierta de granito.
Realidad ante mis ojos sorprendidos fue esparciendo
su halo formidable se elevó su alternancia al cenit
y repitiendo, repitiendo, cual alumno no aprende la lección
estrellan contra el muro de mi ignorancia de la vida
de octogonal arista; ese repiquetear ondulante,
hasta que su vibración derrumba su encendida coraza.
Las palabras, refugio y tálamo en déspota rebeldía
me abandonan dejando mi pluma seca y mis dedos agarrotados,
heridos, de mármol fríos e insensibles,
contrastando con el resto de mi cuerpo enervado.
Oprimen su desánimo, ya no obedecen impulso
e intención de un cerebroque ordena
y un corazón que se desgarra en la renuncia
de su palpitar angustioso.
Están ahí encrispados, indecisos, en esta atmósfera hierática
que adorna mi tristeza infinita y deja en las esquinas de mi
todo su desorden y las cáscaras amargas de su desaliento.
Las palabras enjutas, desnutridas, sin energía me abandonan,
hormiguean torpes, ciegas, indecisas.
Errabundas se despiden, compañeras de mil horas,
en el tapiz arrebolado de mis sueños.
Desbocadas alimentaron mis ansias,
temblaron rojas de fuego o ennegrecidas de dolor,
bajo la mirada compasiva de las musas.
Volaron hacia confines insospechados,
llevándome en su carro de fuego.
Torrente de luz misericordiosa, que desterró oscuridades,
faro cósmico, eco a esa luz de verdades inmutables
y soplo de destellos esparcidos en mi noche.
También descendieron hacia la voz enronquecida,
magma y lepanto, nava y dolor abismal
de confines que empañan las verdades
y en su torrente arrastran, aniquilan,
custodiados de deseos monstruosos,
dejando en el vacío su vómito pestilente.
Las palabras, enloquecidas, sin descanso,
frecuentando los minutos y segundos de mi vida
triste y solitaria, como única compañía.
Ramas cubiertas de hojas de plata y marfil,
oro y arrebol, diamantinos suspiros de místico desvarío,
obsesión y encanto que engalanaban mis cuadernillos
o cuanto celuloide a su paso contubiese el dique de la tinta,
perfumandosu rostro albo con su gráfica.
Ya se retiran...¡porque la tinta se volvió lágrimas!
¿Para qué seguir en un cerrado bosque de dolor?
Si otras palabras recibidas hacen emboscada fría y cruel?
Mis bosques, altos robles me protegen de las miasmas nocturnas,
pero ese silencio cargado de saetas, aniquila y vence
¡hasta el guerrero más entrenado!
Si...me puedo morir asi...
¿y a quien le importa?
Malu de Lujan
No comments:
Post a Comment