
Lejano, silencioso, indiferente viajas, taciturno, invisible, misterioso,
sin mi nacido, fuera de mi...
La ciudad contaminada me aburre y vegeta mi ánimo.
Veo perderse en la bruma soñolienta, cotidiana, las techumbres,
veo pasar el acre olor a muchedumbre y perros vagabundos
sin destino olfatean cubos de basura.
La tarde insinúa lejanía y explora el sabor a olvido. Se levanta vientecillo
con olor a encierro y veo pasar los marineros. Miro el mar quieto a veces,
y desciende por mis venas el temblor inusitado de un lamento.
Acerca tu candil que ya no veo, como el humo de este fuego me quema
y desata lenguas que danzan en la boca mendiga de mi hoguera.
Ennegrece la visión de esos dientes que muerden procaces la inocencia
que me queda.
Acerca la voz que embelesa y deja atrás la mandíbula apretada de impotencia,
que esta soledad multiplicada ya me enferma.
Descorre los velos rigurosos y cava en mi horizonte, que el mar acerque su beso
azul noche, y nos regale su oleaje suntuoso.
Huyamos, disparando secretos, unidas las manos tímidas, sin rutas,
transidos de amor y besos, que el viento desata las nubes, acerca tifones,
los barcos y veleros.
Así va la historia contando al mundo ¡que ya es nuestro!
Malu de Lujan
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